lunes, 16 de marzo de 2009

NENA NENA NENA.

Ahora lo comprendo, el dramatismo que va creciendo como un árbol en mi vientre y lo empapa todo. Me aprendo lo que realmente quiero e intento sacarle brillo a lo que no me sobra.
Ser una mancha púrpura en el cielo, enigmática y terriblemente complicada, ahora he comprendido que no busco llevarme momentos a la cama, por muy descontrolada que puede llegar a estar por mucho que me hierva la sangre por dentro notando los burbujeos de los líquidos en mi estómago, todas las células de mi cuerpo quieren gritar.
Lo quiero todo, quiero reírme por nada, quiero un cambio, un terremoto, un torbellino que me eleve sin necesitar una huida por el agobio. No quiero prisión ni presión.
Soy un volcán, soy un disparo, soy lo indómito que reside en ti, soy lo que aprieta tus sienes cuando vas a reventar.
No quiero regresar a ser una masa inerte, una fugitiva del mundo, un pedazo de nada con vestido y sin sonrisa.
Sentirme intoxicada y no poder concentrarme al hacer nada, pensar en algo y no pensar en nada, oigo mi nombre y no consigo escucharlo igual, un cambio en tu sistema nervioso, en la manera de escribir y en la manera de que se te rice el pelo.
Espiras, inspiras, te mueres diez minutos y luego regresas llena de ideas que se van viendo cada vez más difusas por el humo y los residuos tóxicos.
Tengo lo acústico de mil guitarras resonando una y otra vez, me veo y me repito volviéndome aún más loca. No reprocharte nada no reprimirme, sentirte estúpida e ir arrasando con todo lo que ves.
Tengo un contrabajo rasgándome por dentro, sin vivir en mi, poner empeño al dar un beso. Tener la cabeza cuadriculada, una lista interminable, enumerada, siendo maniática, constante y no saber que es lo que te falta.