
Ahora que vamos notando el paso de los días pegado a los talones es cuando empiezo de una forma desconcertante a darme cuenta de las carencias, de la falta de sentido que tienen algunas cosas, actos. De la frialdad que sin ni siquiera notar nos arropa y nos aconseja por las noches. Falta de tiempo y el abuso extremo de la prisa.
De alguna forma somos parte de un coro guiado a seguir un ritmo cada vez más rápido, cada vez más complejo, desconcertante. Quizás el hecho de temer quedarnos perdidos o los últimos en esa marabunta enloquecida es lo que nos hace intentar ser rápidos, no poder parar.
Cada vez hay más tiempo para perderlo, para buscar la evasión o dicho de otra forma un consuelo que de un golpe nos lleve de regreso a la cabeza de la carrera y menos tiempo para el “orden libre”, menos tiempo para el desorden completo, dejar que el interrogante que nos aprieta se vaya resolviendo por si solo, que se evapore y nos devuelva la calma.
La lucha con el yo interno cada vez es más indómita y al ser cada vez más difícil domarla más nos vamos rindiendo a caer por la vida como si se tratase de un tobogán.
“Escuchar a Michael en un coche viejo, andar de espaldas, caer de bruces en mitad de una ciudad fantasma, sentirse vacuo en una mesa siendo el noveno en una lista de más de treinta invitados, dejarse caer por los restos de vino en el mantel de la noche anterior”
Ahora que vamos notando el paso de los días…
De alguna forma somos parte de un coro guiado a seguir un ritmo cada vez más rápido, cada vez más complejo, desconcertante. Quizás el hecho de temer quedarnos perdidos o los últimos en esa marabunta enloquecida es lo que nos hace intentar ser rápidos, no poder parar.
Cada vez hay más tiempo para perderlo, para buscar la evasión o dicho de otra forma un consuelo que de un golpe nos lleve de regreso a la cabeza de la carrera y menos tiempo para el “orden libre”, menos tiempo para el desorden completo, dejar que el interrogante que nos aprieta se vaya resolviendo por si solo, que se evapore y nos devuelva la calma.
La lucha con el yo interno cada vez es más indómita y al ser cada vez más difícil domarla más nos vamos rindiendo a caer por la vida como si se tratase de un tobogán.
“Escuchar a Michael en un coche viejo, andar de espaldas, caer de bruces en mitad de una ciudad fantasma, sentirse vacuo en una mesa siendo el noveno en una lista de más de treinta invitados, dejarse caer por los restos de vino en el mantel de la noche anterior”
Ahora que vamos notando el paso de los días…

3 comentarios:
creo que te confundo con otra chica, viernes Área y coleta... ¿o me estoy equivocando yo?
ja!
y hasta me has dado dos besos
A ver si es verdad... yo, de momento, creo (creo) que te he agregado a msn... últimamente no hago mucho caso y no me conecto demasiado, pero ahí estás...
Dos besos... sin gafas (K)
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