
Vivimos en un mundo donde se vende romero en las esquinas, donde los príncipes son ninfómanos y románticos a la vez en un mundo donde reinan escritores de leyes con corbata y esmoquin.
Perder el universo dentro de mi ombligo, desfallecer oyendo una canción estúpida mientras las paredes de esta cárcel nos hacen los coros.
¿Sabes qué? Quisiera abrazarte tanto tanto hasta asfixiarte, sintiendo los golpes de tu corazón enlazando nudos en mi espalda prohibiéndome moverme y respirar.
Ir de luto eterno nunca fue lo bastante cómodo como para que a mi me gustase, los inviernos últimamente empiezan y acaban en mi boca.
Incoherencias, noches de sol y estrellas, mañanas sin descanso, desorden en mi cuarto, en mis manos, en mis besos. Los meses me pesan entre risas y nosotras perdemos la cabeza cuando nos da por burlarnos del mundo.
Perder el universo dentro de mi ombligo, desfallecer oyendo una canción estúpida mientras las paredes de esta cárcel nos hacen los coros.
¿Sabes qué? Quisiera abrazarte tanto tanto hasta asfixiarte, sintiendo los golpes de tu corazón enlazando nudos en mi espalda prohibiéndome moverme y respirar.
Ir de luto eterno nunca fue lo bastante cómodo como para que a mi me gustase, los inviernos últimamente empiezan y acaban en mi boca.
Incoherencias, noches de sol y estrellas, mañanas sin descanso, desorden en mi cuarto, en mis manos, en mis besos. Los meses me pesan entre risas y nosotras perdemos la cabeza cuando nos da por burlarnos del mundo.

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