No es bueno que te hayan querido tanto siendo tan joven, porque piensas que has triunfado, que eso que tuviste lo volverás a encontrar en otra parte. Y eso te hace débil.
Llevo en mi una gran mancha, monstruosa, gigantesca, una mancha rosa llena de mañanas sin descanso y de noches jugando a ser princesa con mi vestido roto.
Mirando hacia delante, asumiendo el peso del mundo, de los barbarismos y del miedo, me contengo para no matarme chillando todo lo que de aquí me horroriza.
Días de risas y sol, hablando de sinsentidos con el viento acariciando mis párpados, oigo lo más profundo del mar saliendo por tus ojos, plasmándolo todo en un papel azul, noto mi pecho y mi vientre flotando en aceite caliente, siendo contagiosa e inteligible. Tú y yo ya estamos perdidos.
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